En el marco de la 1ª Jornada Hídrica de Moquegua, la investigadora de SMI Chile presentó el trabajo desarrollado en Chile para transitar hacia un modelo integrado y colaborativo de suministro de agua.
El encuentro, organizado por Moquegua Crece, reunió durante tres días a expertos, autoridades y a representantes de la comunidad y del sector agrícola de Perú, para discutir acerca de los principales desafíos de la gestión hídrica de este departamento al sureste de Perú, una zona agrícola y minera de mucha aridez y con un balance hídrico deficitario gran parte del año.
La Dra. Nathalie Jamett, lideresa del área de Producción Responsable y Optimización de Procesos Mineros de SMI Chile, presentó el proyecto de gestión integrada de agua que ha desarrollado nuestro Centro con el apoyo de M.C. Inversiones Limitada (filial de la Corporación Mitsubishi en Chile), y cuyo propósito es proporcionar una plataforma para avanzar en el concepto de sistemas integrados de suministro hídrico, optimizando el uso del recurso para beneficios de los diferentes usuarios, con el menor costo e impacto ambiental.
Chile se ubica en la posición 16 de los países con mayor estrés hídrico a nivel mundial, y Perú está en el puesto 32. “La escasez hídrica en el centro y norte de Chile es muy elevada y altamente riesgosa”, explicó Nathalie Jamett. “No ocurre lo mismo en el sur de Chile, donde vemos que existe una alta disponibilidad de este recurso para las diferentes actividades, y por lo tanto observamos una distribución hídrica desigual en todo el territorio chileno. En Perú, también se ve que hay grandes diferencias en la disponibilidad de agua”.
Las proyecciones de disponibilidad de agua para Chile y Perú hacia 2050 no son alentadoras, donde todo indica que se podría tener un estrés hídrico comparable al de los países del Medio Oriente.
Nathalie Jamett detalló cómo, desde 1960, el uso del recurso hídrico por parte de las diferentes industrias en Chile se ha ido incrementando: por ejemplo, en el ámbito hidroeléctrico ha crecido más de cuatro veces y en la agricultura, más de dos veces. Pero lo más relevante, es el incremento en el uso del agua en zonas de gran sequía y donde se desarrollan la mayoría de los grandes proyectos mineros, como Antofagasta. “La minería del cobre -Nathalie – utiliza diversas fuentes, como aguas superficiales y subterráneas, y también el agua de mar, cuyo uso ha crecido con fuerza en los últimos años. El sector minero ha asumido el desafío de un manejo responsable del recurso hídrico, con más del 74% del agua utilizada producto de la recirculación, y el resto, agua fresca o continental y agua desalada. Vemos que la matriz hídrica del sector minero ha evolucionado en los últimos 15 años, con un fuerte crecimiento del agua desalinizada como fuente de abastecimiento”.
La investigadora de SMI Chile explicó que en Chile existen 24 plantas desaladoras, distribuidas mayoritariamente en la Región de Antofagasta; cada una con su propia infraestructura y destinada a abastecer a un determinado proyecto minero. “De todas las plantas desaladoras existentes -dijo-, solo una es multipropósito, es decir, que busca entregar agua a más de un solo sector. Esto nos parece impresentable, sobre todo dada la alta escasez hídrica de la zona de Antofagasta”.
A continuación, explicó el cambio de modelo que propone SMI Chile: transitar hacia el uso de una infraestructura compartida por los diferentes actores del territorio. “Esto opera -dijo- en otros sectores, como el de suministro eléctrico en Chile, donde tenemos que diferentes fuentes de electricidad se conectan a una sola red que abastece a todo el país”.
Expuso también el ejemplo de la SEQ Water Grid en Australia, una red de suministro de agua a granel de gran escala que abastece principalmente a la región del sureste de Queensland y está compuesta por doce embalses, 31 plantas de tratamiento de agua convencionales, tres plantas de tratamiento de agua avanzadas, una planta desalinizadora, 33 reservorios de agua a granel, 22 estaciones de bombeo, y más de 600 km de tuberías de suministro de agua a granel. “Se trata de una solución que abastece de agua potable a casi 53 mil personas que viven en 16 comunidades fuera de la red principal.
“Avanzar hacia un modelo colaborativo y territorial, más allá de la lógica de proyectos aislados, tiene beneficios económicos, sociales y ambientales, que están alineados con la sostenibilidad y la transición hídrica”, explicó. Este tipo de infraestructura compartida ayuda además en la generación de confianza y reputación de la minería”.
A partir de este proyecto, SMI Chile desarrolló un software que integra los actores que demandan el agua, las consideraciones espaciales del territorio y los costos de bombear agua de un lugar a otro en esas condiciones, las consideraciones ambientales tomando en cuenta zonas protegidas y los costos y oportunidades sociales que ofrece un territorio. Este software está en condiciones de indicar la mejor forma de distribuir el recurso tomando en cuenta todos estos criterios. “Esto permite diseñar redes de distribución basadas en diferentes escenarios territoriales”, explica.
Finalmente, subrayó que la infraestructura hídrica compartida no es solo una solución técnica, sino también una herramienta de gobernanza que, por lo tanto, requiere de marcos regulatorios claros y herramientas de planificación robustas.
Esta 1ª Jornada Hídrica de Moquegua se extendió por tres días, y durante el primero, antes del inicio de las presentaciones en la Universidad Nacional de Moquegua, se realizó una visita a terreno junto a comunidades de agricultores de Moquegua, además de una visita al proyecto Pasto Grande.
“Fue una instancia altamente valorada por el sector agrícola local”, comenta Nathalie Jamett. “Los actores del territorio manifestaron sentirse escuchados y considerados, lo que refuerza la importancia de este tipo de espacios participativos”.
Revisa la presentación completa de Nathalie Jamett en este link de YouTube (Desde minuto 2:52:11)







