Junto a Nathalie Jamett, investigadora senior de SMI Chile, la exministra y presidenta de COPSA y el exdirector de la DGA, abordaron las proyecciones de desarrollo de la infraestructura hídrica y el desafío de avanzar hacia un modelo de gestión compartida.
El taller tuvo como objetivo presentar y generar una discusión acerca de la herramienta de gestión hídrica desarrollada por un equipo de SMI Chile como parte del proyecto CORFO: “Futuro resiliente: soluciones hídricas inteligentes para el desarrollo sostenible regional”.
La actividad reunió a representantes de empresas mineras, del Ministerio de Obras Públicas, de ACADES, del mundo académico y de consultoras especializadas en proyectos de gestión hídrica.
En su presentación, Gloria Hutt explicó los beneficios del modelo de concesiones público-privadas que ha posibilitado el desarrollo de infraestructura en Chile durante los últimos 30 años, y destacó a la infraestructura hídrica como uno de los ejes centrales en las proyecciones de desarrollo.

Gloria Hutt, presidenta de COPSA.
La exministra abordó un escenario en el que el crecimiento de las ciudades y el avance de la electromovilidad incrementan la demanda de materias primas como el cobre, el acero, el litio y el níquel, así como la necesidad de agua, con una participación cada vez mayor del agua de mar. Asimismo, señaló que la seguridad hídrica figura entre los cuatro ejes con mayor presupuesto de la cartera de proyectos del Plan Nacional de Infraestructura Pública, que incluye iniciativas de construcción de embalses y plantas desaladoras.
Consultada sobre cómo avanzar hacia una gestión más eficiente del agua, especialmente en zonas de extrema sequía, como las regiones del norte de Chile donde opera la gran minería, Hutt destacó la necesidad de establecer prioridades y administrar de manera inteligente este recurso escaso.
“La gestión hídrica será sin duda un escenario cada vez más complejo que nos debería llevar a enfrentarlo como un desafío multipropósito, donde proyectos de gestión hídrica integrada como el que aquí se ha presentado adquieren mucho sentido”, enfatizó.
Rodrigo Sanhueza, consultor en gestión y gobernanza de recursos hídricos para los sectores público y privado, planteó que la herramienta desarrollada por SMI Chile puede aportar a la implementación del Plan de Adaptación al Cambio Climático para los Recursos Hídricos (PACC-RH), la nueva hoja de ruta para la seguridad hídrica del país. A su juicio, su aplicación es especialmente pertinente en los Planes Estratégicos de Recursos Hídricos de Cuenca y en el trabajo de las mesas de cuenca, donde se requiere integrar información común para la toma de decisiones.

Rodrigo Sanhueza
“El trabajo es ver cómo este proyecto de gestión hídrica compartida puede acoplarse y conversar con los instrumentos de cuenca, los derechos de agua, las plantas desalinizadoras y con el sistema de permisos”, sostuvo.
Sanhueza explicó que los cambios al Código de Aguas, la normativa sobre desalinización y el Plan de Adaptación al Cambio Climático para el sector de los Recursos Hídricos (PACC-RH) contemplan medidas y acciones que requieren recopilar información común, incluidos indicadores y datos sobre extracciones efectivas, entre otras. “El propio Plan reconoce que la fragmentación institucional dificulta la generación de información y que articular a actores con planes y estrategias propias es una barrera para cumplirlo. El desafío es usar los datos que ya existen y gestionarlos cuenca por cuenca”, indicó.
“Por ejemplo, el propio Plan constata que la gran minería construyó sus desaladoras de forma individualizada, ante la inexistencia de un marco de planificación nacional, mientras que otras fuentes siguen siendo incipientes: el reúso de aguas servidas tratadas apenas llega al 6% a nivel nacional. Por eso es necesario contar con una herramienta de gestión compartida”, agregó.
Por su parte, Nathalie Jamett, investigadora senior de SMI Chile y líder del proyecto, presentó las ventajas de un modelo de gestión hídrica compartida frente al sistema actual, basado en fuentes de suministro individuales.

Nathalie Jamett.
“La propuesta de una red hídrica compartida ofrece ventajas para el suministro, tratamiento, almacenamiento y distribución del recurso hídrico”, explicó. “Representa también beneficios económicos en cuanto a menores costos y mayor productividad, y además representa un aporte social en términos del acceso al agua y la colaboración entre diferentes sectores, así como también ambiental producto de una menor presión sobre fuentes de agua dulce y de una mayor reutilización”.
Jamett señaló que los próximos pasos consisten en escalar y comercializar el proyecto, para lo cual será clave incorporar este modelo a los mecanismos de gobernanza. “Así como contamos con un sistema eléctrico interconectado central, deberíamos transitar a un sistema similar en materia de gestión hídrica”, afirmó.
El taller concluyó con un ejercicio práctico en el que los participantes pudieron validar la herramienta mediante el diseño de redes de infraestructura compartida. A través de distintos escenarios, en los que diversos actores suministraban agua a múltiples usuarios, comprobaron cómo la coordinación de la infraestructura puede optimizar el uso del recurso desde las perspectivas económica, social y ambiental.








