SMI Chile inicia Planning for Closure dictando curso técnico

May 30, 2026

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Con un elevado número de inscritos, un equipo multidisciplinario de nuestro Centro abrió su participación en el principal congreso de cierre minero con un planteamiento que propone repensar el cierre minero como un desafío territorial de largo plazo.

“Repensando el cierre de minas para la gobernanza territorial”, se tituló el curso técnico dictado por Nigel Wight, Jacques Wiertz, Daniela Gamboa y Bárbara Stubing, en el contexto de Mining for Closure 2026, y que reunió a 110 participantes.

Su objetivo fue reflexionar sobre cómo integrar las dimensiones ambientales, sociales y productivas del territorio en la planificación del cierre minero, incorporando además la visión de los grupos de interés y la búsqueda de legados positivos.

Jacques Wiertz, Nigel Wight y Daniela Gamboa dictan curso técnico de PLaning for Closure 2026

A nivel global, se prevé que un 40% de las operaciones miembros del ICMM, se cierren en los próximos 20 años.

“Hoy la industria enfrenta dos retos centrales respecto del cierre: evitar que los impactos ambientales se transformen en pasivos permanentes y dejar legados positivos más allá de la operación”, afirma Nigel Wight.

El curso revisó estándares y marcos internacionales que orientan un cierre integrado, entre ellos la guía del ICMM, recomendaciones de CEPAL y Mining 2030, y referencias como GRI e IRMA.

En Chile, uno de los referentes más utilizados es The Copper Mark, que promueve la estabilidad ambiental, económica y social de largo plazo mediante sistemas de gestión, monitoreo y financiamiento para el cierre y post cierre.

Según Daniela Gamboa, investigadora del equipo de Rehabilitación Ambiental y Dinámicas Ecosistémicas de SMI Chile, uno de los principales obstáculos es que el cierre siga tratándose sobre todo como un ejercicio de cumplimiento técnico y normativo.

A su juicio, esta mirada resulta insuficiente porque la huella territorial de la minería excede el área inmediata de la faena, dado que el cierre puede desencadenar transformaciones económicas, sociales y ecológicas de alcance regional, difíciles de abordar con evaluaciones fragmentadas.

Daniela Gamboa advierte que este enfoque “convencional” del cierre ha estado históricamente centrado en el cumplimiento normativo y en la estabilización física y química de las faenas, privilegiando soluciones técnicas de corto plazo que dificultan comprender las interacciones entre ecosistemas, comunidades y actividades productivas en el largo plazo.

Otra debilidad que ella señala de esta visión tradicional es la escasa incorporación temprana de actores territoriales en la planificación de cierre: “Suele darse que las comunidades locales participan únicamente en etapas de consulta tardías, sin dar paso a la construcción de acuerdos sobre el uso futuro del territorio, con la consiguiente disminución de la legitimidad social de las medidas implementadas”.

Daniela Gamboa añade que la minería ha tendido a subestimar los costos del cierre, lo que compromete la sostenibilidad de los procesos de restauración.

Citando a Mining 2030, señaló que más del 90% de los proyectos llegan al cierre con fondos insuficientes, una brecha asociada a modelos financieros que históricamente no han internalizado adecuadamente estos costos.

“Para que la restauración sea sostenible -plantea Daniela Gamboa-, se requiere no solo recuperación ambiental, sino también capacidad de adaptación y participación de las comunidades en la transición postminera.

“A ello se suman vacíos regulatorios: aunque Chile cuenta con una ley de cierre minero, aún carece de normas de suelo y de una regulación específica sobre pasivos ambientales que permitan una planificación integral”, agrega.

Frente a ello, la mirada ampliada del cierre propone entender el territorio como un sistema socio ecológico interconectado, donde comunidades, ecosistemas, cultura, recursos naturales y actividades productivas mantienen relaciones de dependencia mutua.

Desde esta perspectiva, el cierre debe proyectarse más allá de la vida útil de la mina, incorporando escenarios futuros y una restauración que no se limite a estabilizar depósitos o a revegetar áreas intervenidas, sino a situar a las contribuciones de la naturaleza y el bienestar de los ecosistemas como valores centrales que sostienen medios de vida y servicios fundamentales para las comunidades.

Así, un buen cierre de minas exige gobernanza territorial y planificación participativa, con definición colectiva de objetivos para el territorio postminero.

En esa lógica, el cierre puede convertirse en una oportunidad para promover la sostenibilidad territorial y una transición justa que articule bienestar humano y conservación de los ecosistemas.

Nigel Wight subraya que los legados de un cierre suelen estar asociados a términos negativos como drenaje ácido, abandono, contaminación, residuos, relaves y pueblo fantasma. “Sin embargo -explica-, la industria está transitando desde una lógica centrada solo en pasivos hacia un modelo de cierre integrado y sostenible, con una mirada de ciclo de vida y énfasis en la generación de legados positivos”.

Como ejemplo, Jacques Wiertz, líder del área de Producción Responsable y Dinámicas Ecosistémicas de SMI Chile, menciona el caso de la mina Blair Athol, en Australia, cuyo cierre incluyó reforestación con eucaliptos, restauración de corredores ecológicos y condiciones para el retorno de koalas a sectores rehabilitados.

“El Proyecto Edén, en Cornwall, al suroeste de Inglaterra, es otro caso emblemático de cierre”, agrega Jacques Wiertz.  “Este transformó una antigua mina de arcilla agotada en un gran complejo de restauración ambiental, educación y turismo sustentable. Inaugurado en 2001, este proyecto rehabilitó un enorme cráter minero mediante la creación de paisajes ecológicos y dos grandes biomas cubiertos por cúpulas geodésicas que recrean ecosistemas tropicales y mediterráneos, albergando miles de especies vegetales. Además de la recuperación física del sitio, el Proyecto Edén se convirtió en una demostración de cómo un terreno minero abandonado podía transformarse en un motor de desarrollo económico, educación ambiental y revitalización territorial”.

Al finalizar su presentación, Jacques Wiertz hizo hincapié en algunas consideraciones generales que deben guiar la filosofía de cierre. “Es importante entender que, por el principio de la irreversibilidad o entropía, es imposible regresar al estado inicial de pre-proyecto, y que perseguir un estado «parecido» al inicial no siempre es factible o deseable”, subrayó. “También, que el uso futuro del territorio no debe ser una proyección de la visión minera sino un proyecto de co-construcción con sus habitantes, y considerando que puede evolucionar y adaptarse a los cambios y aspiraciones de los actores territoriales”.

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